Columnista

Cara a cara con Dios

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¿Cuántas veces sucede que a un cristiano se le pide: «Reza por mí»? Y, ¿cuántas veces nos comprometemos a hacerlo, conscientes de lo que realmente significa? Para ponerse frente a Dios, «cara a cara» con Él, para «llamar a su corazón» se necesita, de hecho, gran «coraje» y otro tanto de «paciencia». Es una «libertad» interior que no se puede dar por descontada. Es lo que dice el Papa Francisco, inspirándose en Éxodo 32, 7-14.

El Pontífice recorrió el pasaje bíblico en el que se presenta «un diálogo entre Dios y Moisés» que discuten sobre «un problema que Moisés debía resolver»: el hecho de que el pueblo de Israel se hubiera construido un becerro de oro para adorarlo.

«El Señor estaba un poco impaciente: se irritó con su pueblo y finalmente dijo: “Pero estate tranquilo, esto lo resuelvo yo, porque tu pueblo se ha pervertido. Y este pueblo es un pueblo de dura cerviz”, dice el Señor.

“Déjame ahora que se encienda mi ira contra ellos y los devore; de ti, en cambio, haré un gran pueblo”». Nos encontramos, por lo tanto, frente a una posición dura del Señor que «quiere resolver este problema de apostasía del pueblo».

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En el diálogo con Moisés, el Señor le propone una alternativa: «Dejamos hacer esto y te pago a ti con esto: ¡te haré jefe de un gran pueblo!». Utilizando una hipérbole, Francisco dijo: «… ¡Casi un soborno!», para subrayar la toma de posición drástica para Moisés, que tiene una reacción iluminadora. Este último, «amaba al Señor: dice la Biblia que hablaba cara a cara, como un hombre con su amigo». Y subrayó cuánto es «hermoso oír esto» porque hace entender que él «tenía libertad frente al Señor».

Una libertad que les consiente reaccionar: él, de hecho, «suplicó» a Dios, es decir, hizo «una oración de intercesión». Precisamente en este tipo de oración el Papa hizo una pausa, consciente de que la oración por otros no es fácil hacerla. Y explicó que a quien pide «por favor, reza por mí que tengo esto…», no se puede prometer oración y resolver todo con «un Padre Nuestro o un Ave María» y después olvidarse.

«No: si tú dices que vas a rezar por otro, la oración de intercesión te involucra, como Moisés se involucró con su pueblo». Además, Moisés, con coraje —pero, dijo Francisco, «es necesario coraje, la oración de intercesión requiere coraje. Decir a la cara a Dios las cosas… «Señor, escucha un poco: se encenderá tu ira contra tu pueblo… Tú, que lo hiciste salir de la tierra de Egipto con gran fuerza y con mano potente»; y le dice: «Pero tú hiciste todo eso, ¿y ahora destruirás todo lo que has hecho? Pero, Señor, ¡no funciona esto!».

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Piensa, «en el mal papel que Tú harás: porque deberán decir los egipcios: “¿Con malicia les hiciste salir para hacerles perecer entre las montañas y hacerles desaparecer de la tierra?”» y de nuevo: «Pero tú eres el Dios de la bondad y harás un mal papel delante de los egipcios… Eh no, Señor, ¡esto no vale!». Y trata de convencerlo. Después insiste: «Desiste, Señor, del ardor de tu ira; abandona este propósito de hacer el mal a Tu pueblo».

O sea: «No hagas ese mal papel: recuerda que fuiste Tú quien liberó al pueblo». Y, como si tuviese «miedo de que las argumentaciones no fueran suficientes», añade: «Señor, también recuerda: recuerda a Abraham, a Isaac, a Israel, Tus siervos, a los que juraste por ti mismo, dijiste “convertiré vuestra posteridad numerosa como las estrellas del cielo y toda esta tierra de la que he hablado la daré a los descendientes y la poseerán por siempre”. ¡Recuerda eso!».

Moisés, explicó el Pontífice, «apela a la memoria de Dios» y, es importante señalarlo, se «involucra». Tanto que dice: «Con todo, si te dignas perdonar su pecado…. y si no, bórrame del libro que has escrito». Precisamente esta es la característica de la «oración de intercesión: una oración que argumenta», que tiene el coraje de decir las cosas «a la cara al Señor»; una oración que es «paciente».

Por lo tanto, resumiendo, «para la oración de intercesión se necesitan dos cosas: coraje, es decir, parresia, coraje y paciencia. Si yo quiero que el Señor escuche algo que le pido, debo ir, e ir, e ir, llamar a la puerta y llamo al corazón de Dios», y hacerlo «porque mi corazón está involucrado con ello. Pero si mi corazón no se involucra con esa necesidad, con esa persona por la que debo rezar, no será capaz ni siquiera del coraje ni de la paciencia».

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