Columnista

Frente a las tentaciones

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Hay un enemigo seductor que se aprovecha de nuestra curiosidad y nuestra vanidad prometiendo regalos bien envueltos en un bonito paquete, sin dejarnos ver qué hay dentro; que es como un perro rabioso y encadenado al que no hay que acercarse porque de otra manera te muerde, te destruye, y con el que no hay que dialogar nunca, al contrario, hay que combatir con las armas de la oración, de la penitencia y del ayuno.

El Señor dice que será el Espíritu Santo quien nos haga entender que el príncipe de este mundo ya está condenado. Como consecuencia nosotros debemos pedir al Espíritu Santo la gracia de entender bien esto, y esto es que el demonio es un derrotado.

El demonio no está muerto, está vivo; al máximo podemos decir que es un moribundo, pero es también «un derrotado. Por este motivo no puede prometer nada, no puede darnos la esperanza de construir algo.

Sin embargo, aunque nosotros sabemos que está derrotado, en la vida no es fácil interiorizar este concepto, llevarlo a nuestra convicción. Y el porqué es fácil de comprender, antes de todo porque el diablo es un seductor y nos gusta ser seducidos.

Él sabe cómo acercarse, sabe qué palabras decirnos. Despierta nuestra curiosidad, porque todos somos curiosos, y nuestra vanidad: ¿Pero qué dice este?. En resumen, lo que le sucedió a Eva, nos sucede también a nosotros.

A nuestra vanidad le gusta que piensen en nosotros, que nos hagan propuestas. Y él tiene esta capacidad de seducir, por lo que es tan difícil entender, que se trata de un derrotado; porque él se presenta con gran poder: te promete cosas, te lleva regalos bonitos, pero tú no sabes qué hay dentro, pero, el papel de afuera es bonito.

Nos seduce con el paquete sin hacernos ver qué hay dentro. Sabe presentar a nuestra vanidad, a nuestra curiosidad, sus propuestas. De hecho, con una imagen evocadora.

Insistiendo sobre lo peligroso que es el diablo, hay que decir que sabe hablar bien. Sabe también tocar, sabe cantar; incluso el Aleluya pascual es capaz de cantar, para engañar.

Es el gran mentiroso, el padre de la mentira. Por otro lado sus propuestas son todas mentiras, todas. Pero lamentablemente presenta las mentiras y nosotros creemos. Es un derrotado, pero se mueve como vencedor. Hasta el punto que es también capaz de darnos luz, ¡ilumina!. Pero la luz del diablo es deslumbrante, como los fuegos artificiales, y no es duradera. Un instante, después desaparece.

Debemos estar atentos al diablo. Siempre viene esta pregunta: “Padre, ¿qué hago ante este diablo derrotado, pero astuto, mentiroso, seductor que quiere tomarme para sí?

Jesús nos dice, qué hacer: vigilar y rezar. Cuando rezamos el Padre Nuestro pedimos la gracia de no caer en tentación, que nos proteja para no resbalar en la tentación.

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