“Me frito, me enchuquizo, estallo, divago y vuelvo”: Alejandra Azcárate

Al final de la tarde estuve reflexionando sobre mi enorme incapacidad para gestionar las pequeñeces. Soy muy buena lidiando con problemas, créanme que he pasado por momentos de altísima adversidad y a pesar del dolor y el agobio, he reconocido en mí la entereza para buscar soluciones, tomar decisiones y ejecutarlas.
Sin embargo, la minucia me puede, los micro conflictos me chiflan y los obstáculos menores alborotan mi intolerancia.
No poder destapar algo, que se me caiga al piso un objeto, un sonido repetitivo, verme un pelo sobre el hombro, secarme con una toalla mojada, no encontrar las llaves, la lentitud, olvidar una palabra, que me interrumpan mientras oigo una canción, que al comer lleven la cabeza al plato, pifiarme en un error ortográfico, cerrar los ojos en una foto o no lograr conectarme con un invitado en un en vivo, les juro que logra desquiciarme.
Soy neurótica. Asumo mi trastorno relacionado a la inestabilidad emocional propia de mi personalidad, aunque entiendo que es una condición manejable porque no pierde el contacto con la realidad.
Es una angustia episódica que me causa molestia y aunque muchos en mi entorno gocen y disfruten porque les resultan divertidos mis estados alterados, yo en silencio intento padecerme.
Sumado a lo anterior soy testaruda, lo cual no ayuda para nada, así que por lo general aunque la persistencia ante el descontrol suela llevarme a cumplir mis objetivos, el camino termina siendo pedregoso.
Si, me frito, me enchuquizo, estallo, divago y vuelvo. En esas me la paso, qué le vamos a hacer, es lo que hay. Ahora estoy empepándome con Neurexan que es una medicina homeopática, natural, no genera adicción ni somnolencia.
Yo la llamo la pastilla del ‘importaculismo’ y me ha servido bastante, aunque viéndolo bien, si analizo la zafada de cadena que tuve hoy por una tontería, creo que ya es hora de subirme la dosis.
A veces es muy difícil ser yo, pero peor aún cuando me doy cuenta que no quiero ser otra.


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