Cartas a mamá

Querida mamá:

He estado recordado ese poema que escribiste para mi gato ¿Era un soneto? No lo recuerdo bien… tenía una rima perfecta, sutil. Me gustaba leerlo porque así aprendía a interpretar caligrafía palmer (letra recorrida) que a los niños y niñas de los 80 del siglo XX en Colombia, nos dejaron de enseñar reemplazándola por la letra script (de palito).

Con los días, guardamos ese poema dentro de un libro de la nutrida biblioteca de enciclopedias y obras literarias que comprabas al Círculo de Lectores o a Salvat… y ahí se refundió entre palabras e historias épicas gestadas por otros.

¿Qué nos hizo falta para escribir más?: ¿Inspiración?, ¿Decisión?, ¿Talento? Posiblemente todas las anteriores. No nos imaginábamos como Virginia Woolf, ni como Gabriela Mistral, menos como Doris Lessing, un poco locas, un poco sórdidas, en fin, mujeres del mundo, retadas y retadoras. Sentíamos esa lucha tan difícil y lejana.

De todas formas, quiero contarte que, por fortuna en Colombia, ha habido mujeres que lograron superar esos sentires y ampliaron las respuestas a estas preguntas taradoras. Una de ellas es Pilar Quintana. Una caleña que ganó en enero de este año el Premio Alfaguara por su novela ‘Los Abismos’. Ya había escrito ‘La Perra’. Ambas novelas tienen como protagonistas a mujeres cifradas por sus destinos que parecen ineludibles.

La posibilidad de Pilar Quintana es que puede utilizar su nombre y no un seudónimo masculino, como les ocurría a las mujeres escritoras desde varios siglos atrás. Un caso reciente es el de J.T.

Leroy, quien en realidad es Laura Albert. La neoyorkina se hizo famosa en la movida literaria norteamericana en la primera década del siglo XXI.

Un caso excepcional es el de George Sand, quien en realidad era Amandine Dupin. Ella debutó como escritora en 1831 en París y además de cambiar su nombre, usaba ropa masculina para poder ingresar a espacios reservados solo para los hombres.

Hoy un grupo privilegiado de mujeres no tenemos estas restricciones. En Bogotá, por ejemplo, hay incluso librerías exclusivas para nosotras como ‘El telar de las palabras’. Un espacio para las juntanzas sin perder nuestra identidad.

No sabes lo feliz que me puso ingresar a una librería de cadena y encontrar una colección de obras escritas por mujeres que firmaron inicialmente con nombres masculinos.

Pero como te lo aclaré: es un grupo ‘privilegiado’. Hay con seguridad en otros escenarios decenas de mujeres: niñas, adolescentes, jóvenes y adultas con un ferviente deseo de expresarse a través de las letras, de contar sus historias o las de otras mujeres, y con miedo a no ser suficientes.

Espero que, en este marzo de 2021, mes en el que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, este temor a la insuficiencia sea retirado con la fuerza de la convicción de las palabras bien dichas.

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