Cúcuta y sus nuevas batallas

El pasado 28 de febrero de 2021 Cúcuta celebró los doscientos ocho años de la batalla memorable que ha quedado en la historia como sello de nuestro camino hacia la independencia, más allá de lo episódico de la gesta de nuestros próceres la fecha permitió reflexionar sobre las nuevas batallas de los cucuteños en el nuevo milenio.

El primer acercamiento de nuestra realidad tiene que ver con la valentía y resiliencia de los cucuteños frente a la pandemia. El covid-19 azotó en forma agresiva la ciudad y el resto del departamento con un saldo triste en pérdidas humanas y la necesidad de fortalecer nuestro sistema de salud que ha respondido en forma valerosa a las exigencias de la situación. Pero como dicen los médicos basta ya de adulaciones y medallas, son necesarios los recursos, la capacitación constante y la mejora de las condiciones laborales, es decir fuerte inversión para uno de los sectores que más necesitamos todos los ciudadanos. Pero esos buenos deseos no solo se deben quedar en los medios de comunicación, para las administraciones del municipio y el departamento deben estar en la agenda prioritaria y no solo conformarse con la oportuna llegada de la vacuna.

La segunda óptica apunta hacia la situación de inversión económica en Industria y fortalecimiento del comercio aprovechando el fenómeno de la migración, todo en el marco de la legalidad y augurando el éxito de la estrategia gubernamental de regularización de ciudadanos venezolanos en nuestro país. Hasta el momento no hemos conocido un plan de inversión extranjera o nacional a corto, mediano y largo plazo en Cúcuta, apertura de estímulos a empresarios que radiquen sus firmas de bienes, servicios y productos con el fin de generar empleo. Mientras que en otras ciudades fronterizas del mundo el flujo de extranjeros es visto como una oportunidad, en Cúcuta solo nos hemos quedado con las consecuencias y problematización del fenómeno migratorio.

El tercer aspecto tiene que ver con el desarrollo de la vida ciudadana desde lo cotidiano y en eso tienen una gran responsabilidad los colegios y las universidades de la ciudad en referencia al impacto social que pueden tener los proyectos, programas y actividades que puedan integrar la ciencia con el bienestar de los habitantes de la capital del departamento. Los frentes del cuidado ambiental, campañas de cultura ciudadana para atender los problemas de movilidad, espacio público y cuidado de las zonas urbanas están en el orden del día. Esta batalla es fundamental, porque si la médula social funciona a la perfección encontraremos a una población alejada del desarraigo y con valores culturales férreos que permitan la generación de condiciones para el bienestar.

Por último, si se piensa en la apertura de la frontera formal como estrategia de crecimiento, que esto suceda como un plus para la ciudad y que no volvamos a depender expresamente del mercado necesario pero insuficiente con Venezuela, que se consolide de una vez por todas la activación de la zona franca, el apoyo a la microempresa y que las autoridades lleven a bien su rol de garantizar seguridad en una ciudad donde los delitos están tristemente en la agenda de los medios de comunicación.

Solo de esta manera las nuevas batallas de Cúcuta nos permitirán ver la luz al final del túnel que no solo pasa por la esperada vacunación, pasa también por la generación de empleo, la formación ciudadana y el aprovechamiento del fenómeno de la migración. Las condiciones de seguridad serán la base de estos cambios que pueden ser ayudados por una academia con talento, capacidad, pero hasta el momento poco impacto en la población.

Cúcuta merece una oportunidad desde todos los sectores para honrar ese legado histórico de lucha que nos dejaron los próceres para forjar una sociedad cada vez mejor.

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