Lo que sentimos es lo único que nos pertenece, de resto nada

Por: Alejandra Azcárate

La temática del trillado empoderamiento se ha convertido en una agotadora premisa poco ejercida, generadora de hastío y confusión. Es increíble la facilidad que tenemos las mujeres para desdibujar los propósitos a los cuales por momentos necesitamos aferrarnos y luego transformarlos en simples frases o intenciones archivables. ¿Qué tan propio es nuestro amor? De ahí deberíamos partir.

Lo que sentimos es lo único que nos pertenece, de resto nada. Por eso accionemos nuestro discurso, ya que de otro modo jamás tendrá sentido. Entendamos la vida como una celebración, valorémosla y agradezcámosla. No dramaticemos más, no nos castiguemos y no nos desperdiciemos. No existe otra relación posible con uno mismo que la basada en la sanidad de la aceptación.

Construyamos nuestra psiquis en búsqueda del equilibrio y aunque tambaleemos, seamos valientes al dar el primer paso sin saber cómo será́ el segundo. La frustración surge del hecho de haber sido inferiores a nuestras. Qué daño el que están generando las redes sociales mal utilizadas, qué perjuicio tan feroz en millones de mentes inundadas de carencias, qué disfraz de satisfacción tan roto, qué cruel el precio que se paga por la alegría imaginaria, qué desgastante ese universo paralelo y sobre todo qué vacío interno tan hondo con tal de ganar adeptos.

Gracias a quienes están aquí sin conocerme porque solo la honestidad nos une. Por hoy no es más.

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