¿Quiénes tienen más deseo sexual: ellas o ellos?

Existen categorías en las que socialmente nos han metido y que son consideradas como inherentes a la naturaleza o a la disposición divina. Algunas están basadas en características biológicas y psicológicas que determinan que hombres y mujeres somos diferentes al momento de medir nuestra libido.  

Se cree que ellos por norma están pensando en sexo todo el tiempo y pueden arrancar a cualquier hora y ellas, en contraparte, deben asumir el rol de indiferente sexual, con pocos “maestros” y haciéndose de rogar para lograr más valía. El falso modelo sexual que nos han vendido de mujeres pasivas/receptivas vs hombres activos/agresivos hace pensar que nosotras sentimos menos atracción por las relaciones sexuales.

La verdad es que en términos orgánicos hombres y mujeres (o mejor, cuerpos con pene o vagina), no somos tan diferentes a nivel estructural del sistema nervioso, circulatorio, sensorial, etc.  Se ha señalado el tema hormonal como responsable de la diferencia en la respuesta sexual, pero lo cierto es que tanto hombres como mujeres producen hormonas de varón y hembra en cantidades y proporciones que varían entre los distintos individuos, y no se pueden establecer grados de diferenciación biológica respecto al sexo explicándolo solo desde lo hormonal, como lo indica la socióloga e investigadora británica Ann Oakley.

Es irrefutable que hay diferencias a nivel de cromosomas X o Y, pero lo que influye en definitiva en la forma de experimentar el deseo sexual, es el lugar geográfico y la cultura donde hayamos crecido. 

Dicho de otra manera y para llevar la contraria, el bajo deseo sexual femenino puede derivar más de lo socio/cultural/religioso que de lo físico propiamente. De hecho, como terapeuta podría hacer una larga lista de mis pacientes femeninas que se aburren del sexo porque cedieron el control de su sexualidad a su pareja, o cuentan con un compañero monotemático, sexualmente hablando, o viven una relación de solo compañía y no porque no están diseñadas para sentirlo.

Lo anterior nos lleva a una interesante conclusión: La reacción o respuesta de deseo sexual a un buen estímulo, es en ambos sexos, absolutamente semejante.

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