Cartas a mamá: Condolencia atemporal

Querida mamá:

Tenía preparada otra carta para ti hoy, pero el SRAS-CoV-2 causante de la Covid19 nos ha hecho atravesar por tantas pérdidas, que ha llegada lo hora de hablar de nuestros duelos. Te fuiste dos años antes de que comenzara esta realidad distópica. Tu ausencia me dejó de doler en el cuerpo, en el alma y en la mente justo antes de que nos ‘asaltara’ el coronavirus. No tengo idea de cómo hubieras procesado emocionalmente la pandemia sabiendo que una de tus hijas estaba en la primera línea de lucha contra ese enemigo microscópico…

Por ahora quiero contarte que llevamos más de un año intentando sortear los embates de ese virus que nos da treguas periódicas y nos lleva temiendo a la muerte por temporadas. En estos 14 meses, los obituarios son las publicaciones más frecuentes en las redes sociales y todas las mañanas despertamos con la esperanza de volver a la ‘normalidad’.

Debo decirte que al principio vivía ensoñaciones en las que por la televisión decían: “¡Sorpresa, esto era un experimento social!”, incluso buscaba responsables y especulaba teorías conspirativas; pero cuando mis amigos se quedaron sin sus familiares más cercanos, cuando los veía padeciendo los duelos de sus partidas comprendí que el SRAS-CoV-2 y su estela de muerte nos traía tristezas reiterativas.

No quiero posar de coaching ni de líder espiritual, pero aprovecho hoy la columna para ofrecer una condolencia atemporal a quienes en este momento están atravesando ausencias; conozco esa opresión en el pecho, esa falta de aire, ese deseo permanente de llorar… Los abrazo con ternura y les deseo un duelo sin remordimientos, trátense con bien.

Admiro a todos lo que han podido soportar el confinamiento con dignidad y también a los que pese a estar poniendo su vida en riesgo, deben salir a trabajar por vocación o por subsistencia. Admiro a los que admiten que están deprimidos y a los que lloran espontáneamente al saberse sin futuro. Admiro a los que siguen construyendo proyectos y a los que estáticos esperan el regreso de otrora vida normal.

Mientras todo esto pasa me gusta recordar esta estrofa de ‘Canción de la vida profunda’ del Barba Jacob. A mí me resuena, ojalá a otros también.

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, como las leves briznas al viento y al azar. Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe. La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Para comentarios o sugerencias: aespinel77@hotmail.com

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