No necesitas saberlo todo en la vida cuando puedes preguntarle a mamá

Lo verdaderamente sabio, es aprender a vivir la vida, una vida que te enseña a través de quien te dió la vida. Una maestra llena de sabiduría llamada Mamá. No existe un manual para ser madre, pero del cielo llueven bendiciones cuando una madre sostiene a su hijo y

sus ojos cruzan su primera mirada. Allí, la sabiduría espontánea surge en medio de esa constelación de amor. Un amor umbilical que será por siempre.

Entre mamá e hijo podrían sobrar las palabras, porque ese lenguaje del amor se lo inventó Dios, y le dio a ella lecciones para entregarlo a través de sus ojos, su sonrisa, sus lágrimas, sus gestos; todo en esos silencios mágicos entre los dos.

Es la sabiduría de Dios extendida hacia nosotros a través de mamá. Una mujer que aprende a ser mamá con dolor, que es justo su primer actor de amor. La mujer que se multiplica tratando que comprender los diferentes roles que la vida misma le asigna y donde en cada uno encuentra circunstancias adversas, etapas difíciles, pruebas fuertes o retos Inalcanzables.

Ella, mamá, desde su naturaleza innata y con sus propias vivencias nos enseña a aceptar, resolver, perdonar, convivir, orar, amar a esto le llamo SABIDURÍA; que es el arte de reunir la ternura con la firmeza.

Es esa sabiduría que proviene de DIOS cuando con el soplo de la creación diseñó todo de manera tan perfecta. Así como el mico sabe en qué palo trepa, la orquídea sabe en qué planta quiere existir, y la madre sabe formar a sus hijos.

Entonces, hoy a mamá digámosle gracias:

Gracias por la hermosa semilla de amor con la que me diste la vida. Gracias por limpiar mis rodillas y secar mis lágrimas. Gracias por sentarte a mi lado a explicarme cómo funciona el mundo cuando yo me lo quería devorar en mi adolescencia.

Gracias por corregirme con dulzura.

Gracias por enseñarme a tener fe

Gracias por sufrir conmigo cuando me rompieron el corazón.

Gracias por estar a mi lado en las dificultades.

Gracias por celebrar conmigo mis victorias.

Gracias por alegrarte por verme feliz.

Gracias por aceptar mi imperfección

Gracias por tu silencio

Gracias por tus palabras

Gracias por tus abrazos

Gracias por tu sabiduría

Te amo hoy y siempre.

Tu hijo.

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