Estallido social en Colombia: faltó lectura social, faltó cabeza fría

Como un estallido social podemos calificar los últimos hechos que afronta el país. El florero de Llorente fue la fallida reforma tributaria que despertó una estampida de inconformidades que finalmente derivaron en un paro de los trabajadores que poco a poco fueron integrando otros sectores de la sociedad civil que hicieron manifiesta la reivindicación de derechos.

Pero más allá de esta fotografía que todos conocemos ¿cuáles son las causas del suceso? Lo primero que se debe señalar es la percepción errada por parte del gobierno sobre las políticas sociales, a pesar de la existencia de subsidios, de intenciones por fomentar la economía naranja, de la construcción
de algunas obras de infraestructura que proveen empleos, ninguna de estas alternativas era suficiente para frenar la ola de pobreza que ronda casi la mitad de la población colombiana.

Si a esto sumamos los índices de informalidad y desempleo, vemos un difícil panorama, una vacunación lenta, incremento de contagiados de Covid-
19 y el cierre de empresas que no soportaron las cuarentenas para contener la pandemia.

La falta de lectura de la situación contrastaba con la intención de Duque por cumplir los programas de gobierno, ni los ministros, ni los congresistas del Centro Democrático advirtieron la inconveniencia de postular una reforma tributaria y buscar los recursos primero por otras vías, como persecución a los dineros que se fugan en corrupción, gastos suntuosos de funcionamiento administrativo, reducción de excesos del legislativo y operaciones en diferentes sectores de la producción que permitan el apalancamiento de nuevos recursos.

La famosa reforma también tocaba a la clase media y la reacción en los medios de comunicación de inconformidad no se hizo esperar. El llamado que realizaban los especialistas estaba dividido; durante casi dos semanas se ambientó mediáticamente la necesidad de una reforma, pero de otro lado, se aclamaba mayor participación de los más pudientes, pero que proporcionalmente tributan menos.

Las exenciones siempre son para quienes generan empleo y permiten la productividad, pero en la actual situación de pobreza y aguante de la clase media, la carga se debía trasladar a los privilegiados y eso no estaba en la reforma. Para algunos especialistas como Juan Camilo Restrepo, los beneficios sociales de la reforma eran de aplaudir, pero no se compensaban con el esfuerzo tributario planteado para la clase media. El resto de la historia, ya se conoce, la reforma se hundió y generó desbordamiento de marchas agravadas por el vandalismo, bloqueos y una búsqueda de diálogos que avanzan lentamente como el mismo proceso de vacunación.

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