Sueña

Me gusta expandir mi mente para soñar en grande, sin pensamientos limitantes, dejar volar la imaginación y visualizar mi vida en sobreabundancia. Porque quien sueña con un enriquecimiento espiritual recibirá por añadidura sorpresas materiales en su vida.

Es lo que mi alma desea y se lo ofrezco porque me amo. Amo lo que hago porque me gusta y no porque me toca. Amo la vida, así como es. Amo mi vida, así como es. . . Como un ascensor que sube y baja. Que te abre puertas y te las cierra. Que recibe gente que te saluda con una sonrisa y otra que te ignora porque está en su mundo de afanes, miedos y temores.

Cada mañana miro al cielo y me cargo de ilusiones, deseos, anhelos y dibujo mis sueños en las nubes. Veo escenarios, auditorios, libros, y un sin fin de oportunidades para entregar un mensaje positivo, edificante, constructivo y lleno de enseñanzas que me ha dejado la vida, muchas veces a través del dolor, un gran maestro.


Al ascensor de tu vida se subirán algunos que te acompañarán por mucho tiempo y otros que simplemente vienen a probarte. A observarte para luego señalarte, criticarte y juzgarte. Pero no te lo tomes personal. Más bien apersonarte de tu amor propio y ve tus sueños. Tus sueños son tus sueños. Te pertenecen; son tu creación y la manifestación de tu alma. Persíguelos labrando cada día el camino hacia el norte donde está la luz que ilumina tu cielo.

En cada conferencia veo lo que alguna noche soñé durante ese largo y silencioso año de transformación que Dios me regaló. No te quedes con tus sueños. Revísalos y dales la oportunidad de convertirse en señales para tu vida. Solo así descubrirás el verdadero propósito en este paseo terrenal que debes disfrutar dentro de ese cuerpo que te prestaron para que fuera el templo de tu alma. Soñar es ponerle alas a la imaginación y transformar la fantasía de lo inalcanzable en una realidad que nos trae felicidad y alegría.

Cuando los sueños se trazan buscando un beneficio colectivo y humanitario, el universo confabula para que todo fluya. Esto ocurre porque hay un propósito bondadoso de servicio común. Allí está la magia de la realización de un sueño que Dios quiere que se cumpla, si este hace parte de su plan para nosotros.

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