El arte al rescate de la memoria femenina

Mercedes Ábrego

Su estatua, creada por Víctor Bisagne, está ubicada en un foco de inseguridad; y la hacienda El Urímaco está en ruinas.

En esta hacienda la Doña crío a sus 3 hijos, como madre cabeza de familia, al nunca casarse con José Jerónimo Tobar. Allá bordó la casaca de Simón Bolívar con paño azul y rojo, hilos de oro, y los uniformes de su ejército para la victoria del 28 de febrero de Informó también a las tropas del general Francisco de Paula Santander sobre los movimientos de ejército realista, aportando a los triunfos de San Faustino y Capacho contra las tropas de Matute y Cañas.

Bartolomé Lizón derrotó a las tropas republicanas en el Llano de Carrillo (En La Garita) en febrero de 1813 y el 20 de octubre apresó a Ábrego, con la orden de capturar a colaboradores de los realistas, después de ser delatada por los hijos de la esclava Dorotea, Francisco de Paula de la Cruz y Juan de la Cruz, “Los catires”

Descalza y vistiendo su piyama caminó los 15 kilómetros desde Urimaco a la avenida 5 con calle 11, y el 21 de octubre fue desnudada y degollada frente a 2 de sus hijos, mientras gritaba: No me importa la vida, sino la patria ¡Viva la patria!

Juana Rangel de Cuellar

En “Patria elemental” el poeta José Luis Villamizar inmortalizó a Juana Rangel de Cuellar en dos poemas “Año de 1733” y “San Luis, Pueblo de Cúcuta”, describiendo en el primer texto su hermosa casa, ubicada en el camino de Tonchalá, donde “el viajero encuentra posada para su cansancio, agua para su sed peregrina y voz de estímulo para el largo caminar que le falta”.

El viajero relata como la brisa en el cacaotal (Entendiendo que nuestro chocolate era el que bebía la Reina Victoria de Inglaterra, lo que llevó a que la Corona Inglesa donara dinero para la recuperación de la ciudad después del terremoto, con el fin de nunca dejar de beber este elixir) y las veraneras cuentan como la matrona Juana Rangel de Cuellar se encuentra descansando. El viajero luego se marcha sabiendo que la matrona fundó una ciudad, donde, en palabras del otro poema: “Tiempos atrás, cuando no existían las calles y el torbellino por el que transitamos constituía virgen aún, la hacienda de doña Juana Rangel de Cuéllar, ostentosa de los más ricos cacaotales y tierras feraces, érase un pueblo minúsculo al pie de un río”.

Agueda Gallardo

Arrebató el bastón de mando conferido por el rey de España al corregidor y juez subdelegado de Rentas Reales de Pamplona, el catalán Juan Bastús y Falla, para luego romperlo, el 4 de julio de 1810, primer alto de rebeldía en la región centrooriente del virreinato de la Nueva Granada, provocando la captura del corregidor y un Cabildo Abierto “a efecto de tratar del importante objeto de la salvación de la Patria”.

El 28 de junio en la fiesta de San Juan se enfrentó de nuevo contra el corregidor, acontecimientos que exaltaron los ánimos revolucionarios del 20 de julio de 1810.

Su casa, refugio de los patriotas en las guerras de independencia y centro de las tertulias políticas previas a la independencia, es ahora monumento nacional.

Nicolasa y Bernardina Ibáñez

Las palabras de Simón Bolívar: “En Colombia no habrá paz hasta que mueran Nicolasa y Bernardina Ibáñez, Carmen Leiva y Mariquita Loiche”, contrastan con las cartas que le escribía a Bernardina: “No pienso más que en ti y en cuanto tiene relación con tus atractivos. Te escribo mil veces, pero tú ingrata no me respondes” desde que ella lo recibió con guirnaldas en su llegada a Ocaña el 9 de enero de 1813 al triunfar en el bajo Magdalena.

A quien si le prestó atención Bernardina fue a Miguel Uribe Santos, padre de Carmen, que se desposaría con el cónsul danés Carl Michelsen. Su nieta María se casaría con el presidente Alfonso López Pumarejo, convirtiéndola en bisabuela de Alfonso López Michelsen. Bolívar fue padrino de la boda de Nicolasa con Antonio Caro el 16 de marzo de 1883, después de libertarlo de su prisión en Mompox; ella guardó un baúl que contiene esquelas y cartas con Bolívar, más su casaca guerrera sin lavar.

Dicen que los partidos Liberal y Conservador nacieron el 30 de abril de 1835 cuando Santander vio al vicepresidente de la República, José Ignacio Márquez, cortejándola en su casa, teniendo que Nicolasa detener a Santander de lanzarlo por una ventana.

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