Un debate electoral que se puede poner interesante

La primera vuelta decidirá qué candidatos pasan a la disputa por la Presidencia en segunda vuelta, si esta es necesaria. El electorado se enfrenta a propuestas diferenciadas que reseñan un capitalismo con corazón social representado por Federico Gutiérrez ganador de la coalición equipo Colombia; otra iniciativa más orientada a un cambio de producción a través de exportaciones primarias y una transición hacia las energías más amables con el medio ambiente encarnada por Gustavo Petro, quien además, con un discurso altamente social e inclusivo hasta el momento ha tenido buenos réditos en el triunfo de la consulta de la coalición del Pacto Histórico y puntero indiscutido en las encuestas.

Como alternativas a estas corrientes aparecen Rodolfo Hernández y Sergio Fajardo quienes se unen bajo el cordón umbilical de la lucha contra la corrupción. El candidato de la coalición de la esperanza se diferencia de Hernández, con una propuesta que tiene como columna vertebral la educación, aspecto que hasta el momento no ha reflejado indicadores altos ni en los votos ni en las encuestas.

La campaña actual muestra candidatos que por diversas razones ya no asisten a los debates, perdiendo los ciudadanos la oportunidad de confrontar ideas y analizar propuestas. Esta es una campaña que se divide en dos partes, notas periodísiticas de proselitismo que pasan como fotogramas y que dejan muy poco para retener en las mentes de los electores. Por esa razón son más importantes las frivolidades y el canibalismo que se genera en las redes sociales. La segunda parte es la que se hace con los gremios y las diferentes comunidades, con grupos cerrados abandonándose las grandes congregaciones en plaza pública.

Es decir, la gente se queda con muy poco o solo con lo que quieren escuchar sumando el gran fantasma de las encuestas que parece ser el juez supremo con márgenes de error cada vez más convincentes a quienes son receptores de sus resultados. Hoy por hoy, 2.000 encuestados marcan una tendencia que se asume como verdad cuando son 36 millones con posibilidad de votar y que tradicionalmente solo lo hace algo más del 50%.

No se debe olvidar que ese electorado adormecido con solo cuatro millones que se animen a votar puede cambiar cualquier tendencia, generar una sorpresa y poner interesante una campaña que no es alegre, plagada de amenazas a los candidatos, de insultos, de deslealtades y pocas propuestas para combatir los retos de la pobreza, el desempleo, el narcotráfico y la paz.

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