Las mentiras de mamá

“Anda hija, cómete la remolacha que se te pondrá el pelo rosado como el de Stefani” (la mala madre a Victoria para que aprendiera a comer verduras), “No amores, el agua no está fría, solo se va calentando mientras sale” (La mala madre al buen hijo para que aprendiera a bañarse con agua fría en Barranquilla ya que a veces la vida puede ser un poco inconfortable), “Mira cariño, te salió un chocolate de la oreja”, (La mala madre a Daniel haciendo magia para estimular la imaginación y fantasía de su hijo).

Hace unos días escuché un podcast donde las mamás contaban esas mentirillas que han inventado para sus hijos en pro de enseñarles y educarlos. Qué ternura de historias existen, qué creatividad y amor traducido a pequeños cuentos infantiles que pertenecen a la historia personal de cada quién.

Mientras las escuchaba me preguntaba por ellas, ¿Cuántos sueños habrán tenido que postergar en pos de ellos?, ¿Cuántas fueron tomadas por sorpresa por su embarazo y eligieron compartir su cuerpo, su tiempo y su vida con ellos?, ¿Cuántas se sienten culpables por desarrollarse profesionalmente y no dedicarles más tiempo? ¿Cuántas están agobiadas porque no dan abasto con todo lo que tienen que hacer?, ¿Cuántas son juzgadas por sus hijos que se enfocan más en sus faltas que en sus aciertos?, ¿Cuántas les ocultarán cosas para evitarles un dolor?, ¿Cuántas son despreciadas por la arrogancia de estos retoños del vientre que ni aun en el Día de la Madre las llamarán?

El pez de Martina, de tres años, flotaba muerto en la pecera, la mala madre le dice que vendrá la ambulancia a llevarlo al hospital, en un descuido lo entierra en una planta y al rato le dice: Martina anda, vamos a recoger a Boni al hospital de peces que ya se ha mejorado”, mientras la lleva a la tienda de mascotas para recoger uno idéntico.

Sobrevivimos a ser mamás sin manual de instrucciones, unas veces acertamos y otras la embarramos. No obstante, sin duda, les entregamos lo mejor que podemos con la mucha o poca sabiduría que poseemos. Felices e incontables días como madres.

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