Columnista

Es tiempo de reflexionar

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El sueño de una paz permanente y sólida parece estar todavía muy lejos en la mente de los colombianos. El camino de seguir creciendo y resistiendo como sociedad en medio del conflicto es la constante; de la efervescencia de un complicado acuerdo de Paz con las FARC, ahora partido político, se pasó a una serie de incumplimientos por parte del Estado de los compromisos fijados en el documento final firmado en el teatro Colón en el gobierno de Santos.

Las deserciones y comportamientos atípicos como el de Iván Márquez o alias “El Paisa” parecen ser la última imagen de un esfuerzo que cojea. Sin duda alguna el cambio de gobierno con un discurso fuerte sobre el acuerdo firmado enrareció el ambiente. El temor de desbaratar lo pactado sembró dudas sobre la continuidad del proceso. Pero pronto las declaraciones del Presidente Duque afirmando el estricto cumplimiento de cada una de letras y comas del documento final tranquilizaron a quienes no quieren volver a ver las FARC alzadas en armas.  Hasta aquí la fiesta es llevada con tranquilidad a pesar de las diametrales diferencias, pero quedaban cabos sueltos. Uno de ellos el ELN (Ejército de Liberación Nacional).

La guerrilla del ELN, propició un golpe a la tranquilidad de los colombianos perpetrando un atentado en la escuela General Santander en la capital de la república. Sus argumentos apuntan a la no atención al llamado de tregua propuesto el fin de año, dónde las fuerzas armadas siguieron combatiendo y moviéndose estratégicamente en sectores dominados por el grupo insurgente. Los “Elenos”, como han sido llamados popularmente hacen presencia en 12 departamentos de Colombia y se estima que son actualmente 3.000 combatientes Las acciones militares se habían situado en sectores rurales o cabeceras municipales, centradas en dos actividades: secuestros y voladuras de oleoductos, lo que ellos llaman retenciones para financiar el conflicto y el reclamo por la entrega de hidrocarburos a empresas foráneas. Estas acciones tienen costos económicos, psicológicos y morales cuestionadas por los defensores de los derechos humanos y los ambientalistas por los daños producidos al ecosistema.

Ni hablar de esas acciones que cobran vidas humanas y llenan de dolor a muchas familias colombianas. Algunos hablan de cerrar cualquier posibilidad de diálogos. Otros piensan que alternativas como la confrontación directa dejará más violencia y una población civil en medio del fuego cruzado. En el Norte de Santander, por ejemplo, la situación se agudiza en regiones como El Catatumbo, donde la siembra, recolección y procesamiento de la Coca tiene a ésta agrupación involucrada en enfrentamientos por la territorialidad con el EPL, se les culpa además de desplazarse y delinquir el territorio venezolano donde tienen fuerte influencia en el control del contrabando de combustibles y el desarrollo de prácticas contra ganaderos venezolanos quienes son amenazados de extorsiones y secuestros. Con éste panorama la Paz está muy lejana, pero al tiempo es una coyuntura que puede ser aprovechada para cerrar otro capítulo de violencia que campeó durante todo el siglo XX y reclama un final pacífico para éste siglo.

La inversión social, el desarrollo en infraestructura y la lucha decidida contra la corrupción serán la clave para crear condiciones de nuevos diálogos en el marco del verdadero desarrollo para las regiones. Esto conducirá a razonamientos que poco a poco le quiten peso a una lucha armada y la orienten hacia la actividad política. La esperanza de entregar a las nuevas generaciones FARC y ELN en el escenario político también implica garantías del gobierno, que tiene cifras hasta el momento adversas, con el caso de las muertes consecutivas de líderes sociales. Es tiempo de organizar la casa reflexionando.

Foto: Cortesía
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Por: Edgar Allan Niño Prato Columnista invitado.

Comunicador Social Politólogo Twitter: @AllanNio