“Las emociones son maestras silenciosas que nos invitan a conectar con lo que somos”
Las emociones no son simples reacciones a lo que vivimos, son el lenguaje oculto con el que nuestro cuerpo y mente intentan decirnos algo profundo sobre nosotros mismos. Muchas veces, creemos que sentirnos tristes, enojados o asustados es algo que debemos evitar, pero lo cierto es que cada emoción es una pista, una señal del camino que hemos recorrido y de cómo hemos aprendido a relacionarnos con el mundo.
Desde pequeños, las emociones nos enseñan a adaptarnos. Lo que sentimos en una situación puede ser una respuesta aprendida hace mucho tiempo, por eso, cuando nos encontramos con algo que nos sacude, es natural que surjan emociones intensas. Lo importante no es bloquearlas, sino preguntarnos: ¿qué me está diciendo esta emoción?
Algo que pocos saben es que las emociones funcionan en parejas o duplas que se equilibran entre sí. Por ejemplo, la tristeza tiene su contraparte en la alegría; el miedo en la seguridad; y la rabia encuentra su equilibrio en el amor. Esto significa que ninguna emoción es “mala” o “buena” por sí misma, cada una nos informa sobre nuestro mundo interno y sobre lo que necesitamos mirar.
Imagina que sientes tristeza profunda. En lugar de rechazarla, pregúntate: ¿qué parte de mí necesita ser escuchada a través de esta tristeza? Lo mismo ocurre con el miedo, la rabia o incluso con la alegría excesiva que a veces esconde inseguridad. Cada emoción es un mensaje que podemos aprender a escuchar.
La próxima vez que una emoción intensa aparezca, siéntela en tu cuerpo. Nota cómo se manifiesta: como un nudo en el estómago, una presión en el pecho, un calor en las mejillas. Esa sensación es información pura de lo que eres, de tu historia, de tus respuestas internas. Pero no solo se trata de entenderla: esa emoción tiene una energía que busca moverse, salir, expresarse. El camino es sentirla plenamente y, si es posible, darle una forma de expresión. Porque cuando le damos espacio a la emoción, dejamos que nos muestre lo que llevamos dentro y liberamos la energía que se había quedado atrapada.




