Aunque el sector de la palmicultura suele percibirse como masculino, exponentes como Angie Pérez, demuestran que, sin importar el escenario, el papel de la mujer llega para enriquecer y brindar nuevas perspectivas.
“Mi vida siempre ha girado en torno a retos, ya se volvió una constante”, cuenta Angie. Al ingresar a Oleonorte, no solo rompía paradigmas al ser mujer, también lo hacía al aspirar a un cargo de liderazgo siendo muy joven. Fue el primero de muchos desafíos que le esperaban a esta ingeniera biotecnológica egresada de la Universidad Francisco de Paula Santander, con maestría en Administración y Dirección de Negocios Internacionales de la Universidad de la Rioja de Barcelona.
A sus 31 años, lleva 9 gerenciando una de las mejores empresas de Norte de Santander con disciplina, constancia y valentía: “Ha sido un camino muy bonito con muchas experiencias vividas, aprendizajes y mucho apoyo de mis directivos”, cuenta.
Conquistando espacios
“Hay que hacer las cosas difíciles, porque las fáciles ya están hechas”, es una frase de su padre que tiene presente. Aunque confiesa que la baja presencia femenina en el gremio la hizo sentir sola en un principio, con el tiempo esa representación fue cada vez mayor: “Hemos tenido que demostrar que las mujeres sí somos capaces, que podemos tener excelentes resultados y que en la parte administrativa somos mucho más ordenadas”, señala.
Es un avance al cual contribuye impulsando la inclusión de talentos femeninos “Me entusiasma ver más mujeres en la palmicultura. Ver a otra mujer en un cargo directivo, administrativo u operativo me llena de orgullo”, cuenta. Ejemplo que otras empresas del gremio empiezan a replicar.
Proyección
Su éxito, sin embargo, va más allá de lo profesional. Felizmente casada, vive con plenitud su etapa como madre de un bebé de casi un año. “La felicidad de mi hijo es mi proyecto número uno”. Junto a su esposo comparte esa prioridad, además del propósito de fortalecer el negocio que construyen en equipo.
Y por supuesto, el compromiso con Oleonorte continúa. Después de un 2025 en el que se certificaron en la trinorma internacional, en 2026 se han propuesto ser más amigables con el medio ambiente.
«Asuman retos, nada es tan malo como no haberlo asumido”.



