El amor de madre es protagonista en la historia de estas tres figuras deportivas. Más allá del talento y la disciplina, ellas han sido ese soporte emocional que, incluso en la adultez, sigue iluminando el camino.
James Rodríguez y María del Pilar Rubio
Psicóloga ibaguereña, ha sido clave en la formación de James. Detectó su talento desde niño y lo apoyó en cada paso. Hoy también lo acompaña en la crianza de Samuel, hijo menor del futbolista. “No hay mayor orgullo que ver a tu hijo cumplir sus sueños”, ha dicho.
Juan Fernando Quintero y Lina María Paniagua
Desde la comuna 13 de Medellín y siendo madre a
temprana edad, lo dio todo por apoyar a su hijo.
“Mas allá de ser madre e hijos somos grandes amigos, soy su
consejera”. Y lo ha demostrado, no solo acompañándolo en sus
decisiones, sino también saliendo en su defensa frente a las críticas
mediáticas.
Luis Díaz y Cilenis Marulanda
Amorosa, bondadosa y luchadora, como la describe el astro del fútbol, la oriunda de Barrancas, La Guajira curiosamente al principio no quería que su hijo jugara fútbol: le dolía verlo caer, golpearse, exponerse. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en una de sus mayores impulsoras.
No solo sigue de cerca su carrera, antes de cada partido ora por él y le envía sus bendiciones. Además, no deja de recordarle la importancia de la educación, consciente de que la carrera deportiva puede ser breve.



