El arte es para algunos ese espacio para explorar todas las versiones posibles de sí mismos. Así lo vive la actriz samaria Mariana Mozo: “Mis papás me metieron a cuanto curso existía: porrismo, básquet, fútbol, natación, carreras, baile, modelaje, pintura, canto… Creo que por eso terminé escogiendo la actuación, porque es la única profesión en la que puedo vivir un poquito de todas las demás”, cuenta.
Ha hecho parte de reconocidos proyectos de televisión como Dejémonos de Vargas y de series de Netflix como Estado de fuga 1986 y Medusa. Más recientemente se ha adentrado en las producciones en formato vertical, una tendencia que le ha permitido descubrir nuevas posibilidades de interpretación y expresión frente a la cámara: “Es un formato mucho más expresivo, que muchas personas comparan con las novelas mexicanas, pero que también permite jugar muchísimo con la interpretación”, detalla.
A sus 24 años, construye su camino sin prisa, pero con la ilusión de seguir aprendiendo y disfrutando cada etapa: “Quiero crecer, cumplir mis sueños y asumir nuevos retos, pero sin perder la inocencia, la curiosidad y la capacidad de asombrarme con las cosas pequeñas”.
Ese espíritu explorador la hizo lanzarse a lo desconocido llegando a MasterChef Celebrity como la más joven de la cocina. Frente a las cámaras, esta vez sin un personaje que interpretar, los televidentes han conocido a una Mariana vulnerable, espontánea y dispuesta a enfrentarse a sus propios miedos. Su naturalidad sumada a sus habilidades culinarias la han hecho protagonista en la cocina más famosa de la televisión. Esto nos contó en entrevista exclusiva con Revista ACTIVA:
Entrevista con Revista ACTIVA
Revista ACTIVA: ¿Cómo te has sentido al estar expuesta sin un guion frente a las cámaras?
Mariana Mozo: Para mí no ha sido tan fácil estar tan expuesta. Antes, las personas veían a los personajes que interpretaba, pero ahora están conociendo a la Mariana real: una mujer que no es tan extrovertida cuando llega a un lugar nuevo, pero después todo cambia, que no es capaz de pasar por encima de nadie para ganar una competencia y que tiene muchos miedos, pero que aun así se atreve a hacer las cosas. He aprendido a mostrarme tal como soy, sabiendo que no soy perfecta y que todavía tengo muchas cosas por mejorar. Soy vulnerable, pero también disfruto y romantizo hasta las cosas más pequeñas de la vida.
R.A.: ¿Qué relación tenías con la cocina antes de MasterChef?
M.M.: La cocina siempre me ha gustado. Llevo seis años viviendo sola y, al principio,
cocinar era más una necesidad de supervivencia que una pasión, porque no sabía hacer tantas cosas. Tenía
un pequeño recetario con el que resolvía mi día a día, pero con MasterChef me enamoré
realmente de la cocina y descubrí que puedo disfrutarla desde la pasión… Lo que más me gusta es probar
cosas nuevas, experimentar e inventar.
R.A.: ¿Qué has descubierto de ti misma durante tu participación?
M.M.: Que soy muy buena trabajando bajo presión y, sobre todo, improvisando.
Curiosamente, cuando tenía más tiempo para pensar las cosas, me confiaba y no siempre me iba tan bien.
En cambio, cuando tenía que resolver rápidamente, encontraba una versión de mí mucho más segura y
creativa.
R.A.: ¿Qué amigos te llevas del reality?
M.M.: Muchos amigos a los que quiero muchísimo. Aunque no hablemos todos los días, los
admiro profundamente y me alegra verlos crecer y hacer lo que aman. Virginia, por ejemplo, es una mujer
súper tierna y divertida; Mile es probablemente una de las personas más atentas que he conocido; e Iván
y Jimmy fueron como mis papás adoptivos dentro del programa… Y así podría nombrar a muchos más. Creo que
una de las cosas más bonitas que me dejó MasterChef fueron esas conexiones.
R.A.: ¿Quién se convirtió en tu compañero favorito para cocinar?
M.M.: Virginia. Al principio, nadie quería hacer equipo con nosotras porque todavía no
conocían nuestro potencial, pero cuando empecé a mejorar, todo fue cambiando. Aun así, nunca quise
olvidar a las primeras personas que creyeron en mí. Con Virginia no pensábamos únicamente en ganar;
también queríamos disfrutar el proceso, aprender cada día más y acompañarnos en todo lo que estábamos
viviendo.
R.A.: ¿Cuál fue el mejor y el peor momento dentro del reality?
M.M.: El mejor fue cuando me dieron mi primer cachete de Rausch y recibí el abrazo de
Nico. Era mi primera eliminación y, en los retos anteriores, no me había ido tan bien, así que realmente
no podía creer que me estuviera yendo de esa manera. Fue una inyección de confianza muy grande.
Y el peor momento, definitivamente, fue la quemada. Cuando me quemé, no fui capaz de parar hasta llegar
al balcón y salvarme. Tuve que aguantar el dolor durante todo ese tiempo, y fue una situación muy
difícil, tanto física como emocionalmente.
R.A.: La receta que mejor te queda:
M.M.: Cualquiera que me conecte con mis raíces, como una buena cazuela de mariscos o un
cayeye. También siento que cocino muy bien cuando estoy en mi casa y no tengo un reloj corriendo en mi
contra… en el programa, con el estrés y la presión del tiempo, cometía errores que normalmente no
cometería.
Un dato sobre Mariana:
Le echo limón a casi todo. No estoy exagerando: al arroz, a las crispetas y a un montón de cosas más. Si algo tiene limón, para mí automáticamente sabe mejor.


