La principal razón por la que las empresas hacen la diferencia con el cliente no está en el software que agiliza la atención, tampoco en unas instalaciones majestuosas y con un buen aroma, y menos aún por el precio que se oferta al cliente.
Porque, de qué sirve el mejor software si las respuestas son frías y arrogantes, o tener unas majestuosas instalaciones si quien atiende al cliente no lo mira a los ojos, no lo saluda o le sonríe, y peor aún, le duele la boca para darle las gracias por la visita, y tampoco está en lo que cobra, porque ninguna estrategia de precios lo salvará de un mal servicio.
Prácticas de contratación que afectan el servicio
Entonces, si hacer sentir bien a los clientes es fundamental, hacer lo propio con los trabajadores es una gran responsabilidad que goza de cierta mezquindad en los presupuestos corporativos, sumado a algunas prácticas de contratación como:
- 1. Lo más barato, porque eso para qué gastar tanta plata; además, la directriz es la optimización del gasto.
- 2. Al amigo que no tiene formación como facilitador porque no tiene trabajo y así se hacen grandes obras sociales.
- 3. Al filósofo, trabajador social, veterinario, abogado o a cualquier otro profesional que ahora da “charlitas” muy baratas en sus tiempos libres.
- 4. Al recomendado de un amigo que le dijo: “Es buenísimo”, sin evaluar trayectoria, mensajes o capacidad de conexión.
- 5. Al de la entidad que no le cobra, pero usted olvida que cada mes paga los aportes, y con eso cumple el plan de formación.
- 6. Al que se independizó y hace “charlas” de liderazgo, emprendimiento o motivación, pero nunca tuvo un rol de líder o creó una empresa, y era el karma de sus compañeros de trabajo.
- 7. Al que le ofrece una comisión o usted es quien se la pide.
¿Le suena alguna de las anteriores?, si me falta alguna, compártamela al correo. Gracias.


