A tres meses de la partida del periodista Cristian Hernando Herrera, su esposa Karla Niño recuerda aquella historia de amor y comparte cómo vive su proceso de sanación.
“Siento que fueron Dios y el destino quienes nos cruzaron en el camino”, menciona Karla al rememorar los inicios de su relación. Se conocieron durante las elecciones de 2002 y, apenas dos años después, se casaron construyendo un amor a prueba de balas, amenazas y un exilio en Chile, todo como consecuencia de la valiente labor periodística que Cristian ejerció en Norte de Santander.
“Desde esa época de novios ya imaginábamos a nuestros hijos, pensábamos en sus nombres y soñábamos con cómo serían. Hoy los veo, y son dos clones exactos de su papá”, cuenta Karla refiriéndose a María Gabriela, de 19 años, y Cristian Andrés, de 12.
“Su mayor orgullo y obra de arte son sus hijos: María Gabriela y Cristian Andrés.”
Como polos opuestos que se complementan a la perfección, construyeron una familia que él, a pesar del complejo panorama que rodeaba su profesión, siempre se encargó de proteger.
Una conversación desde el corazón
Revista ACTIVA: ¿Qué aprendiste de él sobre el amor y la vida?
Karla Niño: Que hay que vivir la vida con absoluta pasión. Él me enseñó a entregar el
corazón en todo lo que hacemos, a no guardarnos nada y a ser valientes para defender la verdad.
R.A.: ¿Cómo vives tu proceso de duelo y sanación?
K.N.: Dios ha sido mi mejor terapeuta, amigo y compañero. He encontrado en Él la paz y
la fortaleza que necesito para seguir adelante. Mi corazón solo siente una inmensa gratitud hacia Dios
por haberme dado la oportunidad de conocer a Cristian, que fuera mi compañero de vida y de formar juntos
nuestro hogar.
“Agradezco profundamente haber podido acompañarlo hasta su último aliento. Fui lo último que sus ojos vieron, pude auxiliarlo y estar ahí para él; eso tiene un valor incalculable y me da mucha paz.”
Ahora, todas las mañanas rezo el rosario y prendo una veladora. Es mi forma de conectarme con Dios y con él, en un espacio íntimo de mucha luz y oración. Desde esa misma fe, confío en que la justicia, tanto divina como terrenal, llegará.
R.A.: En estos días estarían celebrando su aniversario. ¿Qué recuerdo especial llevas
contigo?
K.N.: Una infinidad de recuerdos hermosos, de momentos especiales vividos juntos que
hoy son mi mayor aliciente. He comprendido que el amor no termina cuando alguien fallece; por el
contrario, se transforma. Pasa de lo físico a lo espiritual, volviéndose un amor eterno que sigue vivo
en mí y en nuestros hijos todos los días.


