En el capítulo X de mi segundo libro “EVEREST”, hago referencia al concepto de visualizar la cima de la montaña como una fuente de inspiración para el ascenso, sin idealizar la cumbre como algo inalcanzable; de hecho, diversos grupos de escaladores planifican la escalada, no desde el campo base hacia la cúspide, sino desde la cúspide a los campos base. ¿La razón?, sentirse en la cima y planificar por dónde descenderán, pues lo importante no es solo llegar, sino regresar con vida.
El síndrome de la comparación en el mundo corporativo
Así que los escaladores nos entregan una gran enseñanza: “no idealizan la cima”, la convierten en su referente para alcanzarla, algo que habitualmente no sucede en el proceso de escalar un emprendimiento o hacer lo propio en el ámbito corporativo, pues idealizamos a otras empresas, personas y cargos, convirtiéndolos en figuras imposibles de alcanzar, y mucho menos de superar.
Piensa en los jugadores de la selección de fútbol o los artistas nacionales; probablemente, cada uno de ellos admiraba a otros deportistas o artistas, que llegaron en su momento a ser sus ídolos, y hoy, no solo se codean en estadios o escenarios con ellos, sino que han logrado posicionarse por encima de ellos.
Los que lo han logrado cuentan en sus plantillas con coach, mentores o terapeutas que les dan herramientas para enfrentar sus miedos y combatir el síndrome de la comparación que frustra a las personas cuando miden su valor o éxito frente a los demás, y al no lograr estar a la par, baja la autoestima y aumenta su ansiedad, y si a este síndrome le sumamos las vidas perfectas de las redes sociales, ahí sí entramos en la debacle.
Por eso, olvídese de idealizar a quien usted admira; mejor obsérvese, identifique lo que los hace especiales y vuelque la mirada a su interior; le aseguro que descubrirá que el alumno con disciplina, pasión y creatividad superará a su maestro.


