¿Y si aprender a comunicarnos mejor no empezara por hablar más, sino por observar mejor?
El lenguaje no verbal, no es un don misterioso reservado para unos pocos; es una habilidad que puede entrenarse… y como profesional en comunicaciones, siempre me ha llamado profundamente la atención, y mucho… pues detrás de cada conversación existe un universo de señales que muchas veces pasamos por alto. Y es gracias al nivel de neuroplasticidad de cada cerebro, cuando puede aprender nuevas formas de observar, interpretar y responder a las señales que ocurren en cada conversación.
Y esta idea transforma por completo la manera en que entendemos la comunicación…Porque hablar bien no consiste únicamente en la sintaxis del discurso; también implica reconocer lo que sucede en la mirada, una pausa, un tono, una postura o un silencio… Pues toda conversación tiene una dimensión visible e invisible.
El peso del cuerpo en nuestras palabras
Autores como; Mehrabian popularizó la fórmula del 7% palabras, 38% tono y 55% expresión facial, mientras Birdwhistell y otros autores han ubicado lo no verbal entre el 60%. Y aunque las cifras varían según el contexto, considero que el lenguaje no verbal puede representar hasta el 80% de una conversación, porque muchas veces lo que el cuerpo expresa, confirma, matiza o contradice eso que las palabras intentan decir.
Sin embargo, el lenguaje no verbal, no debe entenderse como una fórmula mágica para descubrir verdades absolutas. Un gesto aislado no basta para juzgar a una persona. Un parpadeo continuo no siempre significa mentira; puede ser timidez, miedo o incomodidad. Un silencio no siempre oculta algo; a veces protege, procesa o simplemente revela prudencia y sabiduría…Por eso, interpretar el cuerpo exige mucho más que intuición: requiere contexto, observación, estudio, análisis y responsabilidad.
Aprender a leer con criterio
En mi carrera como comunicadora, estudiar con mujeres tan admirables como Rita Karanauskas, reconocida como la “Cazadora de mentiras”, me permitió comprender que observar no es sospechar de todo, sino aprender a leer con más criterio eso que acompaña las palabras de manera instantánea, como quien lee dos tipos de subtítulos.
La trayectoria de Rita ha sido tan relevante que incluso ha sido consultada en escenarios judiciales, donde su lectura del comportamiento llegó a considerarse una herramienta más reveladora que el propio polígrafo, precisamente porque no se limita a medir reacciones fisiológicas, sino que analiza gestos, voz, discurso, contexto e incongruencias. Aquí es donde mi hijo Martín diría: “Bofffff”.
Es allí donde la comunicación se vuelve mucho más profunda: cuando entendemos que el cuerpo también participa en el mensaje. Puede reforzarlo, matizarlo o incluso contradecirlo, aunque la persona tenga un discurso aprendido.
Por eso, más que desconfiar de todo…el verdadero llamado para mis lectores es a ilustrarnos. A aprender, a observar con criterio y a no “pasar entero” frente a discursos perfectamente construidos, pero sostenidos por gestos, tonos o comportamientos que dicen otra cosa diferente.
En un mundo donde también existen la manipulación, la mitomanía y las verdades acomodadas, comprender el lenguaje no verbal se convierte en una herramienta de lucidez y fascinación. No para juzgar a la ligera, sino para entender mejor, preguntar mejor y reconocer que muchas veces nada es lo que parece, ni todo es como se dice.
¿Ustedes que opinan? Los leo en mi Instagram: @Nataliarevallo


